Des-Control

¿Cuándo nos hemos creado esa ilusión de creernos capaces de controlar los fuertes instintos de un caballo? y más aún… ¿En qué momento hemos podido llegar a pensar que teníamos cierto control o dominio sobre otro ser?

Puede que los humanos nos hayamos creado la idea de “control” por la necesidad de sentirnos seguros; a salvo de sucesos que realmente escapan de nuestro dominio. Pero no es más que eso, una idea, una ilusión; por tanto, para aquellos que se empeñan en utilizar métodos de castigo con los caballos (y cualquier otro ser vivo) con el fin de creer que con ello consigue el tan ansiado “control”, realmente lo único que logra es provocar daños tanto físicos como psicológicos que en el mejor de los casos mutila la autoestima del caballo obteniendo un estado de indefensión.

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El miedo a sentir que no tenemos control sobre el caballo nos lleva a utilizar todo tipo de artilugios para someterlo.

Me atrevo a cuestionar la existencia del Control; no creo se pueda tener más control que el que uno pueda tener sobre sí mismo, y con frecuencia tampoco somos capaces de gestionar nuestras propias emociones. Por tanto, cómo podemos creer en la posibilidad de dominar algo que se nos escapa de nuestros límites.

¿Y si por un momento dejamos la idea de controlar un animal, una situación, un momento…? A lo mejor no se trata de controlar sino de formar parte de él; de integrarlo en nuestro interior, en nuestra consciencia.

El control lleva a la frustración porque no se puede hacer algo que no existe como tal. Puedes adaptarte a las situaciones (distinto a acomodarse), pero no controlarlas. Se trata de ser capaz de canalizar nuestra energía para generar otras donde exista sincronía, comunicación y entendimiento con el otro ser.

Incluso nos atrevemos a intentar controlar el tiempo, un concepto que nos hemos inventado los humanos. Necesitamos controlar nuestras propias invenciones porque incluso éstas se nos escapan de nuestro dominio.

Cuando dejas de intentar controlar, inmediatamente te relajas, te dejas llevar por esa situación y empiezas a ver con más claridad. Entonces podrás empezar a ser capaz de fusionarte y crear una sincronía con el caballo.

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Pareciera como si todos los seres vivos se sincronizaran al compás de los pulsos de un único latir y se movieran en armonía con éste. (Curso de “Doma Natural” con Sandra de Isidro en Santuario Winston)

Estamos acostumbrados a vivir a un ritmo demasiado acelerado: la naturaleza transcurre de manera mucho más armónica y relajada. Incluidos nosotros sentimos que estamos fuera del ritmo natural, pues solo vivimos ansiosos, estresados, desconectados. Al interactuar con los caballos, nos lo demuestran claramente: nuestras prisas, nuestros tiempos, nuestro pulso no esta coordinado con el resto; creo sinceramente que nos ven como seres abstractos desconectados totalmente del mundo; vagando de un lado a otro inmersos en nuestros pensamientos, preocupados por “controlar” nuestro futuro, reviviendo nuestro pasado.

Si viéramos la vida como un concierto donde todos los seres vivos somos bailarines y la música, los sucesos que van aconteciendo, podríamos bailar improvisando y creando nuestros propios pasos sin perder el ritmo que la naturaleza nos marca continuamente.

Daniela Cerquetti

 

 


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